Gracias

Cuando aquella noche en el Sanfran surgió por primera vez la idea de escribir el libro ni se nos pasaba por la cabeza todo lo que ha venido después. Cuando teníamos las más de treinta entrevistas hechas y pasaban los meses con los archivos ahí, muertos del asco en el ordenador, hasta la idea de que eso llegara a convertirse en un libro nos parecía imposible. Entre todas las tonterías que decíamos mientras escribíamos el libro en una casa vieja de la Barriada Illera (¿cuándo le cambiamos el nombre?), ninguna se acercaba a presentar el libro en Murcia.

Cuando empezamos, no nos imaginábamos la Sala Polisón petada de la gente de abajo. Desde entonces, hay un cartel que señala el aforo máximo. Fue precioso veros sentadas en el suelo y de pie al fondo sonriendo y acompañándonos. Los bárbaros, a las puertas de Roma. Cuando empezamos, ni se nos pasaba por la cabeza que César Rendueles nos fuera a hacer el prologazo que nos hizo ni que viniera, como él dijo, a “hacer de cheerleader” a la primera presentación en Madrid. En todas las fotos de aquella tarde salimos los tres riéndonos o sonriendo.

Cuando estábamos leyendo toda la documentación, no sospechábamos la ola de generosidad que se iba a generar, la infinidad de pequeños gestos que han hecho de este libro una obra colectiva. El trabajo desinteresado de la gente de la imprenta, la predisposición de los bares a vender el libro, la gente que, sin conocernos, ha llenado sus ciudades de carteles (Cornellà en el corazón), la disponibilidad de las personas que nos lo han presentado, la difusión por redes sociales y por fuera de las redes sociales, las personas que se han puesto en contacto con nosotros para que presentemos el libro… La solidaridad por abajo existe; nosotros la hemos tocado, la hemos visto y hemos sentido su abrazo. El libro es vuestro y lo habéis llevado mucho más lejos de donde nosotros jamás pudimos imaginar.

Cuando la noche del viernes 10 de enero de 2014 una lluvia de piedras caía sobre el coche de la Policía Nacional que cruzaba la barricada de la calle Vitoria, no imaginábamos los viajes, las risas, las cervezas compartidas con la mejor gente de cada sitio, la generosidad que nos ha desbordado, las presentaciones con resaca, las que nos han quedado guay, aquel lugar en el que no vendimos ni un libro, poder presentarlo en una asociación de sociología con una profesora de la Universidad y en una casa okupa mientras se despedía una de las últimas tardes de la primavera, los tres secretas de Ávila a los que amablemente acercamos la presentación explicando la actuación de sus compañeros en el barrio, lo que hemos aprendido, el kebab que cenamos con Anna Gabriel, cómo llegábamos a Villarrobledo con el maletero cargado de libros y de escepticismo y cómo nos fuimos de allí sin un solo libro y con el corazón lleno para seguir el camino, las ganas con las que nos recibieron en León, la cena en la bodega de Aranda y la señora que nos quería hacer una prueba de Rh negativo gamonalero…

Cuando empezamos, todo esto nos parecía imposible. Hoy, si no fuera por un puñado de fotos y algunos vídeos que rulan por ahí, nos lo seguiría pareciendo.

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GRACIAS.

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